Escribir es bailar sentado.
No importa dónde; los ojos
cerrados y el alma de par en par,
como las puertas a un verano
personal.
Lo poco que yo sé
son unos pasos torpes, de novato.
La veteranía se adquiere, bueno,
bailando.
Lo que importa es el ritmo.
Saber moverse y ser consciente
de que nadie está mirando.
Nadie sospecha
que bailo en un bar,
en mi casa,
en un banco.
Nadie sabe que, no importa dónde,
me muevo al compás de la tinta
y la canción que esté escuchando:
Yiruma y escribo lento, quizá
incluso
nostálgico.
House y
acelerado, contento
o
atrevido.
Gaga enloquecido,
Céline relajado.
Escribir es vivir en la música
y la música (...) En fin:
puedes imaginártelo.