sábado, 18 de septiembre de 2010

Hasta luego, verano

Tres meses después, el trabajo en la tienda llega a su fin. Inevitable y triste.

Dulce rutina, ¿eh?

Es momento de comenzar con nuevos rituales, manías nunca antes sufridas, placeres que haremos nacer para sentirnos mejor: ¿nueva marca de tabaco? ¿café o té después de cenar? ¿Piti en el balcón o en la terraza?

Nuevo año escolar. Pues vaya.

Echaré de menos muchas cosas vividas este verano. A mi compañera de alma, de juegos y de almacén; a mis amigas en la tienda; ¿incluso los encontronazos con el jefe? Supongo que eso será fácilmente olvidable.

Este verano me he enseñado una lección que, para mí, es importante: la felicidad consiste, en gran medida, en poder hacer lo que quieras, y no tanto en realmente hacerlo.

Me siento triste, y no sólo por no haber podido ir aquí o allá. Al menos, no sólo por eso. Noto que ya se me escapa todo, que se me hace tarde para, que no llego a. Me reconforta quedar con él y ella, con ellas, y con ellos también. Con esos pocos núcleos de seguridad que aún conservo: amistades terribles, grandes o inmensas. Depende de con quién.

Me da miedo pensar que la amistad pueda ser como el verano. Que empiece siendo cálida, con cielos azules y un sol radiante; que continúe con mucha luz y breves lapsos de noche; y, al final, como todo, empiece a marchitarse. Qué jodido.

Qué jodido, triste y ¿real?

2 comentarios:

NV BALLESTEROS dijo...

Es tan real como que las hojas de los arboles se caen en otoño por eso los amigos son muy pocos...


Besos

Julieta dijo...

Ésa es la verdadera experiencia de la libertad: tener lo más importante del mundo, sin poseerlo. Muacs!