Ser pájaro y no poder volar.
Notar un peso en el estómago,
un peso. Una gran losa de piedra
y agua y sal allí encerradas.
Notar soplos de aire
y algo que sube y baja.
Un espejismo de vida.
Una estrella fugaz, un mal deseo.
Un cielo despejado, ¡mira!
Algo ha pasado y no lo veo.
Lo he visto y olvidado, y ahora...
Ahora no lo recuerdo.
O quizá sí. Quizá.
Sí, lo tengo aquí dentro.
Yo lo siento, lo siento.
Lo siento tanto, te quiero.
Una estrella en la noche,
un deseo. Una carta perdida,
una mirada y un silencio.
Un silencio.
domingo, 30 de septiembre de 2012
jueves, 12 de abril de 2012
Tercer Acto.
La primavera ha llegado y yo apenas me he dado cuenta. Flores rosas inundan la ventana de mi habitación, y dan un toque azucarado al ambiente lluvioso de la calle. El cielo está cubierto por un manto blanco.
La luz entra en mi cuarto, iluminándolo desganada. Mis manos, ya de por sí frías al tacto, están congeladas en esta tarde de abril. Con la última nota del segundo trimestre, se cierra un ciclo frenético, acelerado, que me ha llevado a empujones de los brazos del invierno (con su azul pálido y su sensualidad fría) a los pies de una estación que no acaba de despuntar todavía.
En esta tarde helada, algún triste podría preguntarse si no será que la primavera ha muerto antes de acabar de nacer; si no nos esperan tres meses más de invierno antes de que llegue el verano ansiado y aún lejano -tan lejano-.
No, la primavera está aquí. Tú lo sabes: la has acunado en tus brazos y te ha acunado a su vez en esas noches de intimidad y risas. Esta semana está haciendo que olvides todo eso y te plantees, como ese pobre triste, si volverás a sentir tus manos caldeadas posarse en la piel deseada y ahora distante -como el verano-.
No tengo respuestas. Evito, quizá por eso, hacerme preguntas, y no siento el menor deseo de hacértelas a ti. Prefiero el silencio tranquilo, arrullado por la recompensa del reconocimiento al esfuerzo realizado. El silencio que subyace a las palabras que buscan reconfortarme y a las bromas bien dirigidas, un silencio que rebosa amistad y buenas vibraciones.
La primavera está aquí,
al otro lado de mi ventana.
Ojalá pronto invada mi cuarto
y, de paso, mi alma silenciada.
miércoles, 11 de abril de 2012
6,1
Y entonces llegó,
arrastrándolo todo.
arrastrándolo todo.
Un viento helado,
una venda sobre los ojos.
El hundimiento.
El hundimiento.
La frustración total.
Reparto los trozos que quedan
en noches de vigilia
y mañanas de Joan Dausà.
martes, 21 de febrero de 2012
Born to die
La libertad bien entendida
te hace volar en la cama,
soñar en la calle,
sonreír por la mañana.
La libertad bien entendida
es un beso inesperado,
unas vistas nocturnas,
un San Valentín enamorado.
Comienza el viaje y lo hace desatado,
mirando al frente, siempre al frente
y a los lados. La libertad,
bien entendida,
se confunde con el cielo
y con el olor a mar.
jueves, 12 de enero de 2012
Primeras impresiones
No recordaba
el color del mar en invierno.
Ese turquesa infinito,
de calas sureñas y olas suaves.
No recordaba
cómo ver el cielo sin alzar la vista;
cómo nadar sin moverme,
cómo hablar sin palabras.
La sencillez del banco
y toda la gente que pasaba.
La belleza que nace del tiempo,
cuando pasa y te acaricia
y se va sin decir nada.
miércoles, 11 de enero de 2012
Año nuevo, vida nueva
Intento recuperarme.
A través de fantasmas olvidados
y notas que los transportan:
melodía triste, bloqueada.
Bloqueada.
Intento escribir algo, escribirme,
y apenas consigo una estrofa.
Otro verso.
Nada.
Soy la sombra de mí,
aquél que no consigue lo que busca.
Ahora no soy más
que una broma mal gastada.
sábado, 24 de septiembre de 2011
Noche de lluvia a principios de otoño
Me quedo con tu olor.
Con la delgada línea
que separa lo bello de lo mediocre.
Recordaré lo bueno.
Toda esta mini-vida
que has protagonizado.
He sido personaje de tebeo,
cómico y reina del drama;
he escrito -o he leído-
esta trama retorcida, cansina ya.
Como una obra por terminar,
olvidada apenas en el escritorio,
dormiremos en un limbo gris.
Antes de dejarte ir,
no diré nada -aunque hay mucho que decir-.
Seré la boca que calla,
la mano que dice adiós,
el rostro que no expresa nada.
Seré una despedida incomprendida.
Una despedida controlada.
Seré algo que no entiendas,
quizá,
como casi nunca
entendiste lo que pasaba.
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