miércoles, 15 de mayo de 2013

Lo que nos queda.

Siempre nos queda el silencio.
Cuando lo que está por decir
se nos duerme dentro,
se quedan
en mi boca y en tu pelo las palabras,
como sobres por abrir.

Abril atrás
y mayo en nuestros brazos.
Primavera de un año vital,
que no nos esperábamos,
nos verá callados. Nos verá
y no podrá decir dónde comienza quién,
dónde nos terminamos.

Somos fusión y calma;
tranquilidad de versos inacabados.
Soy ideas enterradas ya,
la vista al frente
y una mirada clara.

Siempre nos queda esto:
este callar y sabernos hablados,
este silencio agradable
que nos acaricia los brazos
y la cara.

Me quedas tú
y tu nariz,
tus ojos, tus labios.
Me faltan las palabras
y los besos
y las manos.

Siempre me queda el silencio
y tú para llenarlo.

jueves, 9 de mayo de 2013

8 de mayo (II)

Tus ojos entrecerrados, apenas despiertos,
son ventanas que encauzan el sol.
Son luz de mañana y aire fresco,
son un cielo sin nubes, son...

No sabría decirte.

Me baño en tu mirada,
y prefiero pensar menos
y sentirte.

Notar cada milímetro de ti en tu cama,
en la ducha, en cada estancia. Prefiero
no saber nada; dejarme llevar,
y que reinen tu mirada
y mi mirada. Nuestras piernas entrelazadas,
tu cabeza en mi hombro y mis manos
explorando tu espalda.

Eres la apoteosis de lo desconocido.
Un torrente de sentidos potenciados,
de tiempo transcurrido en todo
-o en nada-.

Eres darle importancia a una taza de café;
una crêpe y una velada.
Eres,
no lo sé,
el poder de la palabra.

8 de mayo (I)

Una semana en las nubes.
Una semana. El tiempo avanza,
creo: los minutos pasan ante mí
sin decir nada.

El tiempo es ahora luz,
y mi alma iluminada apenas ve.
Ahora eres tú. Tú mi referencia,
el fondo y la forma de lo que pienso.

Los segundos son un plazo de espera,
y así 
espero a que llegue mi turno.

Cuando llegue por fin,
no diré que eres mi mundo.
Aún es pronto y no hay prisa:
"cuanto más alto vuelas..."

Otro segundo.
Cuando por fin te vea,
atrás quedarán estos versos tempranos
y esta ilusión
y esta espera.

Una semana en las nubes
y estos largos instantes en la tierra.

lunes, 1 de octubre de 2012

Viejos tiempos

El pasado 
nunca supo tan bien.
Éramos niños tontos,
que jugaban a hacer historia.
Empezamos
con lluvia,
y acabamos mojados.
Mojados. 
Empapados.

Nos quisimos.
Yo nos quise ser un cuento,
y tú eras la princesa dormida
en el castillo encantado.

En el pasado,
salado y dulce, ácido limón
y amargo, amargo.

Éramos niños tontos jugando,
y volábamos con el viento.
Nos creíamos eternos hijos
de algún Cupido olvidado.

Jugar a cartas no es lo mismo
si no conoces los palos.
Yo construí palacios ocultos
y poemas hechizados.
Jugué a ser tu héroe
y me convertí en tu villano.

Era un niño tonto jugando,

y volaba con el viento.
A tu lado era un gigante
y acabé siendo un enano.

Una moraleja triste.
Un "Fin" en tu pasado.
En el pasado. Salado y dulce.
Ácido limón y amargo,
amargo.

domingo, 30 de septiembre de 2012

He visto el cielo

El día en que salté al vacío
las estrellas me observaban
y reían, y callaban.
Aquellos pasos incontrolados,
mi ritmo cardiaco.

Era un acantilado y corrí,
me abalancé sobre él.
Puse en ello mi alma y mi voz,
mis dedos, mi último aliento.

Salté al vacío como saltan,
no lo sé, los ángeles al infierno.
La caída es larga. El aire frío.
Y el vacío, ese vacío. La caída...
Aún estoy cayendo.

Abajo, más abajo me espera
un cuento, de ojos mudos
y sonrisas desvaneciéndose.
Me esperan nuevos tiempos.
Podría tratarse de un futuro,
en el que tú no estás
y todo es desaliento.

Podría ser... Sí, podría ser eso.
Y puede que... Puede que algún día
llegue al suelo.

Interludio

Ser pájaro y no poder volar.
Notar un peso en el estómago,
un peso. Una gran losa de piedra
y agua y sal allí encerradas.

Notar soplos de aire
y algo que sube y baja.
Un espejismo de vida.
Una estrella fugaz, un mal deseo.

Un cielo despejado, ¡mira!
Algo ha pasado y no lo veo.
Lo he visto y olvidado, y ahora...
Ahora no lo recuerdo.

O quizá sí. Quizá.
Sí, lo tengo aquí dentro.
Yo lo siento, lo siento.
Lo siento tanto, te quiero.

Una estrella en la noche,
un deseo. Una carta perdida,
una mirada y un silencio.

Un silencio.

jueves, 12 de abril de 2012

Tercer Acto.

La primavera ha llegado y yo apenas me he dado cuenta. Flores rosas inundan la ventana de mi habitación, y dan un toque azucarado al ambiente lluvioso de la calle. El cielo está cubierto por un manto blanco.

La luz entra en mi cuarto, iluminándolo desganada. Mis manos, ya de por sí frías al tacto, están congeladas en esta tarde de abril. Con la última nota del segundo trimestre, se cierra un ciclo frenético, acelerado, que me ha llevado a empujones de los brazos del invierno (con su azul pálido y su sensualidad fría) a los pies de una estación que no acaba de despuntar todavía.

En esta tarde helada, algún triste podría preguntarse si no será que la primavera ha muerto antes de acabar de nacer; si no nos esperan tres meses más de invierno antes de que llegue el verano ansiado y aún lejano -tan lejano-.

No, la primavera está aquí. Tú lo sabes: la has acunado en tus brazos y te ha acunado a su vez en esas noches de intimidad y risas. Esta semana está haciendo que olvides todo eso y te plantees, como ese pobre triste, si volverás a sentir tus manos caldeadas posarse en la piel deseada y ahora distante -como el verano-.

No tengo respuestas. Evito, quizá por eso, hacerme preguntas, y no siento el menor deseo de hacértelas a ti. Prefiero el silencio tranquilo, arrullado por la recompensa del reconocimiento al esfuerzo realizado. El silencio que subyace a las palabras que buscan reconfortarme y a las bromas bien dirigidas, un silencio que rebosa amistad y buenas vibraciones.

La primavera está aquí,
al otro lado de mi ventana.
Ojalá pronto invada mi cuarto
y, de paso, mi alma silenciada.