jueves, 12 de junio de 2014

Identificarse

No necesitas motivos.
Cuando estás solo y las horas
pasan y pesan;
y el silencio es vacío,
y las palabras cuestan.
No necesito motivos.

Como cae la noche y,
con ella, viene el frío,
también mi mirada, mis ganas
de salir adelante,
mi visión del camino.
No necesitamos motivos, no
los necesito. Porque, en la ruta hacia el fin,
me bastará el olvido.

Y en mi caminar, de sur a norte,
habrá mujeres y hombres,
lágrima viva y carcajada.
Seré yo de sur a norte y luego a sur,
y mujeres y hombres.
Pero ya no tú. No,
ya nunca más tú.

Motivos me sobran o faltan.
Y, sin embargo, en cada extremo tú,
mis motivos
y, por siempre, las palabras.

viernes, 31 de enero de 2014

Circular-narrativa

Ser tristeza.
Hablar tristeza, vértela
y oírtela. Significar
tristeza.

Me gustaría revisar nuestros meses.
Darles otro sentido,
uno nuevo, más coherente.
Uno en el que tú me engañaras
y me hicieras siempre infeliz.

Y ser víctima entonces.
Ser aquél al que todo pasa,
que nada controla, que quiere morir.

Quisiera un conjunto armónico.
Una serie de visiones entrelazadas,
tejida desde aquí. Desde casa,
mi casa, "allí donde nunca
me han hecho sufrir".

Ser tristeza.
Hablar tristeza, vérmela,
oírmela; y sentir,
significar tristeza.

Lo entendería todo entonces.
Sería víctima
y podría dormir.
Y ya no nos soñaría,
ni nos pensaría,
ni escribiría versos por ti.

martes, 3 de diciembre de 2013

Hubo un tiempo

Hubo un tiempo
en que noche y día invitaban a soñar.
Un tiempo en que las palabras
no me dolían al salir.
Un tiempo
en que todo estaba por hacer,
por sufrir y disfrutar.

Eran aquellos días
en los que hablar no era raro.

Eran otros días.

Hubo un tiempo
en que te sorprendía y me sorprendías.
Nos sosteníamos abrazados,
dormíamos desnudos y despertábamos.
Un tiempo en que hablábamos más.
Hablábamos.

Eran días distintos,
llenos de ilusión y sueños
y un futuro apenas esbozado.
En esos días, ¿recuerdas?,
hablar no era tan raro.

Tiempo hubo, y atrás quedaron
los proyectos y el diálogo,
las noches, la desnudez
y esos días
que ahora, ya, son extraños.

martes, 12 de noviembre de 2013

Sabes bien que,
cuando más cosas tengo que decirte,
apenas digo nada.

La sinceridad absoluta
no necesita palabras.
Se transmite por los poros,
se absorbe con la mirada.
Flota en cada suspiro.
La acunas en tus brazos.
Se pierde entre tus curvas
y se encuentra en las sábanas.

Mi verdad la atesoras
en cada abrazo, en cada caricia,
en tu sofá y en tu cama.
Por eso sabes bien que,
cuando más cosas te diría,
apenas te digo nada.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Cuando vengan las palabras

Cuando las palabras vengan
-y venga con ellas el frío-
ya estarás lejos.
Te habrás ido
como se fueron todos,
queriendo mirar atrás
y recorrer otros caminos.

No podrá ser.
No veré más tu rosto dormido,
ni recorreré tu espalda
y tus brazos
y tus piernas
con mis cinco sentidos.

No quedará nada.
Me quedará el olvido.

Cuando las palabras vengan
por fin
y, con ellas, venga el frío,
habré llorado y dormido,
llorado y dormido,
llorado y dormido.

Me duelen los dedos,
me duele el pecho y el alma.
Me duele lo vivido.

Cuando vengan las palabras...
Cuando venga el frío.

jueves, 31 de octubre de 2013

Casablanca

Noto cada segundo que pasa,
callado. Cada segundo
y cada minuto y cada hora.
Cada silencio perpetuado.

Tras el amor salvaje
y el verano y las olas,
tras las horas de cama e intimidad,
nos queda este otoño rancio.

Un "siempre tendremos París"
sin nada con qué contentarnos.
La espera me lo quita todo,
las referencias y el llanto.

Es una inquietud mortal,
un dolor en el estómago.
Un vacío infinito. El frío
ha llegado.

Apatodemonia en un ciclo renovado.
La historia se repite
y nosotros aprendemos
y luego lo olvidamos.

"Siempre tendremos París".
Siempre tendremos algo.
...
¡Algo!

domingo, 15 de septiembre de 2013

Eres mi silencio.
Eres mi avión de rescate
en un alud de palabras.
Eres mi calma, mi paz,
las manos que sustentan mi cabeza
en su caída acelerada.
Tú detienes mi caos,
me relajas
hasta que pasa la nube
y se me adormece el alma.

Pero tú eres el frío en la mañana,
el que me hace taparme
y me despierta sin ganas.
Eres también el vacío en mi estómago
cuando estamos en tu cama.
Eres deseo frustrado
y mirar por la ventana, y fumar
en el balcón,
y tener frío
por la mañana.
 

...
 

- Eres mi silencio. Eres...
- ¿?
- No, nada.